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miércoles, 31 de agosto de 2011

Señor de Locumba, Festividad del


La fecha de inicio de los bailes religiosos de Locumba varía cada año, pudiendo comenzar el día 12 de setiembre (por regla general), todo dependerá del calendario anual.
Se inicia con la entrada al templo, a la vanguardia se ubican los músicos, le sigue el portaestandarte, prosigue con el caporal de la entidad dancística, a continuación siguen los bailarines de la agrupación de baile, que visten el traje de llegada; más atrás, se ubican los familiares, los acompañantes de la sociedad religiosa.
Todos los bailarines y acompañantes presentan sus saludos, bailando y cantando, al interior del templo del Señor de Locumba. En la mitad de la saludación, los danzarines se acercan a la sagrada imagen, acompañados de una melodía sobrecogedora. Los integrantes de la sociedad se acercan por columnas para “tocar” a la imagen (únicamente se despliega esta actividad en la llegada y en la despedida). En silencio, cada pareja, hace diversas peticiones. Luego, reinician la danza religiosa.
Se inicia la fiesta con la bienvenida a los danzarines, cada elenco de bailes envía su estandarte, su caporal y sus guías, para el inicio de la festividad. En esta ceremonia, el sacerdote entrega al Señor de Locumba, en forma simbólica, las danzas religiosas. Desde ese instante, empiezan las llegadas de las compañías religiosas. Las sociedades Virreyes de San Martín de Porras, Morenos del Señor de los Milagros e Incaicos del Señor de Locumba, son los primeros en ingresar al recinto, ya que ellos fueron los promotores de la fundación de la Asociación de Sociedades Religiosas. Las demás sociedades, lo hacen por orden de inscripción a la Asociación de bailes del Señor de Locumba.

Fuente: de un libro inédito de la Municipalidad Provincial Jorge Basadre

El milagro y los favores


Con relación al milagro o al favor popular, José Luis Gonzáles afirma que:
El “milagro” y el “favor” se encuentran en las raíces de la experiencia religiosa popular. No sólo como motivación de una serie de prácticas religiosas, sino como características de la misma experiencia religiosa. En el fondo de esa búsqueda constante del “milagro”, existe la convicción que “Dios y los santos son los que permiten vivir”.
Las ocasiones en que este tipo de experiencias son buscadas o han tenido lugar, suelen ser “situaciones límite” de enfermedad o cualquier otra circunstancia en que se ven comprometidos aspectos fundamentales de la existencia. Aunque, a veces, también se solicitan favores en relación con hechos triviales, se puede decir que la constante es la relación entre milagro y riesgo.
Es frecuente que la experiencia de milagro se encuentre al comienzo de una nueva devoción que se introduce en la vida personal o familiar y que, en no pocos casos, marca la iniciación religiosa de los niños. Parece que pueden distinguirse entre milagros-favores “personales” (que sólo benefician a la persona que los ha recibido) y que, por lo común, se mantienen bastante reservados; y favores-milagros “familiares” que se han convertido e patrimonio familiar y motivación de peculiares devociones y prácticas dentro del grupo doméstico (sic).
De cualquier forma, el milagro-favor es siempre un hito en la vida religiosa de la persona o de la familia, por ser interpretado como una revelación o hierofanía, en la cual se ha recibido o se espera recibir una ayuda especial que permitirá superar el momento crítico.
El “favor” o el “milagro” son experiencias frecuentes, sino en cada persona, sí en la religiosidad popular en general. Además, es estímulo de muchas devociones y prácticas religiosas: se busca el milagro como solución a situaciones insuperables en las condiciones concretas del creyente. Todo eso incide (…) como rasgos de la comprensión de Dios y de Cristo: la religiosidad popular descansa principalmente en la convicción que Dios es poderoso para ayudar en la vida; él es quien, permitiendo superar los obstáculos (muerte, enfermedad, falta de empleo, pobreza, etc.), hace posible la vida.
Se puede decir que hay una especie de centro generador en la religiosidad popular constituido por estos elementos: poder de lo sagrado (Dios, Cristo, Santos) más necesidades y situaciones-límite más milagro-favor (…). Todo esto refuerza, sin lugar a dudas, una fe popular que, ante todo, es fe en el Dios de la vida.
 En cuanto a los destinatarios de los milagros, es amplio, propia de la religiosidad popular, según la cual todos pueden (ricos y pobres) encontrar el favor de Dios, si embargo, por la condición misma de su vida y por la actitud religiosa, son los pobres los destinatarios privilegiados de la acción poderosa y benevolente de Dios.
Tanto la naturaleza como los destinatarios de los milagros son definidos en función de las necesidades del hombre. En la necesidad de los pobres se descubre un motivo de la predilección de Dios hacia los mismos. De este modo, la necesidad provoca, por un lado, actitudes religiosas más constantes y profundas (sentimiento de la necesidad de Dios y recurso constante a él) y, por otro, atrae privilegiadamente los milagros de Dios a favor de los pobres” (Gonzales: 1987; 362-365).
(Fuente: José Luis Gonzales, 1987)

Señor de Locumba, Características del santuario del

Presencia del río. El nacimiento de un santuario en honor de una Virgen, de un Cristo o de un santo va en relación directa con el aparato productivo de la zona, y de sus áreas adyacentes. En el caso de Locumba, se vincula directamente con la actividad agrícola, y en menor medida, con la minería y otras actividades menores (en la época colonial). A ello se une la presencia de un río, que da vida a los pobladores, y por ende, del surgimiento de una divinidad. Idéntica característica tiene el santuario de San Bartolomé de Chaspaya (Sitajara); en menor porcentaje, el santuario de la Virgen del Rosario de Pallagua, el santuario de la Virgen del Rosario de las Peñas (Arica).

Presencia de los peregrinos. Para llegar a un santuario se debe caminar una distancia considerable, en señal de penitencia, de sacrificio, de parte del peregrino. En otras palabras, la distancia entre la capital de la región y el santuario debe ser considerable. A mayor distancia de caminata, el mensaje tendrá buena acogida, manifestó un caminante del Señor de Locumba. Los peregrinos provienen principalmente de los distritos de Tacna, Ciudad Nueva, Alto de la Alianza, Gregorio Albarracín Lanchipa, Pocollay y zonas aledañas; en menor cantidad, vienen de la ciudad de Ilo, de Moquegua y áreas adyacentes; también llegan al santuario, los peregrinos de las provincias Jorge Basadre, Candarave… 

Origen popular del Señor. La aparición del santo, del Cristo o de la Virgen, tiene un origen colectivo, es decir, es anónimo, no pudiéndose precisar la fecha exacta de la aparición. Lo indiscutible en el Señor de Locumba, es que su culto se inició en la época colonial, después que los españoles afianzaron su poderío en la zona, luego que se tuvo un contingente considerable de mano de obra para las haciendas y las minas (esclavos, provenientes del África).  

Nacimiento popular de la danza. La primera manifestación coreográfica en honor al Señor de Locumba se dio a través de las cofradías, siendo los esclavos de Locumba, de Sama, de Mecalaco… quienes ejecutaban la danza de los morenos, fuera de la capilla. Conforme avanzaba el culto a la sagrada imagen, han aparecido otros elencos de baile. Ya en la época republicana, las cofradías se convertirían en sociedades religiosas de canto y baile. En la historia de los bailes religiosos del Señor de Locumba, existieron los “silencios dancísticos”, caracterizado por la no difusión de las danzas del Señor, en momentos de conflictos armados externos (o internos), o por alguna catástrofe insalvable (terremotos, sequías, plagas…).

Conducta modesta del peregrino, devoto o del danzarín. Desde la colonia hasta la actualidad, en los días centrales del Señor de Locumba, existe una “ley seca” tácita: no se consumen bebidas alcohólicas. Los danzarines de las compañías de baile no llevan maquillaje alguno, se muestran como son: devotos de la sagrada imagen. Los devotos o peregrinos que llegan al santuario, se visten modestamente, no haciendo ostentación alguna, existe morigeración en su conducta social.

Convergencia por la fe. En los días centrales de la festividad del Señor de Locumba, “desaparecen” las nacionalidades dentro de las sociedades religiosas, por ende, en los danzarines, en los músicos, en los peregrinos y devotos... Existe una necesidad vital de estar dentro del templo, de “tocar” a la sagrada imagen, de escuchar misa, de participar en la procesión. En suma, existe una atmósfera de recogimiento en el pueblo de Locumba.

Promesas o votos solemnes. Existe un lenguaje comunicacional popular, entre el creyente y la imagen del Señor de Locumba. Se considera como promesa: caminar por un determinado periodo, desde su lugar de residencia hasta el santuario; acompañar al Señor de Locumba, por una cantidad de años. Es decir, la promesa tiene un tiempo específico y limitado de vigencia. En cambio, el voto es definitivo, para toda la vida. Ejemplo de voto: cuando el creyente entrega su existencia al Señor de Locumba, o cuando entrega a un familiar, debido a su situación difícil, a la imagen sagrada.
Fuente: de un libro inédito de la Municipalidad Provincial Jorge Basadre